


Deudas en aumento y empresas que cierran: qué está pasando con la economía argentina



Este fenómeno no es aislado. Forma parte de un contexto más amplio en el que el consumo cae, las empresas se achican y el empleo se vuelve más incierto.
Más deudas para cubrir lo básico
El acceso al crédito se volvió más simple que nunca. Hoy, en cuestión de minutos y desde el celular, cualquier persona puede solicitar un préstamo. Sin embargo, la facilidad para obtener dinero contrasta con la creciente dificultad para devolverlo.
En muchos casos, estos créditos ya no se utilizan para compras puntuales o inversiones, sino para cubrir gastos esenciales como alimentos, servicios o alquiler. Esto evidencia un problema de fondo: los ingresos no alcanzan.
Empresas que desaparecen
En paralelo, otro dato refleja la profundidad de la situación: más de 22.600 empresas cerraron desde fines de 2023, lo que representa cerca del 4,4% del total. Se trata de una caída comparable a la registrada durante la pandemia, aunque en este caso sin una emergencia sanitaria que frene la actividad.
El cierre de empresas no solo impacta en el tejido productivo, sino que también reduce las oportunidades laborales y debilita aún más el circuito económico.
Un efecto en cadena
Detrás de estos números hay una dinámica que se retroalimenta. Por un lado, los ingresos pierden frente a los gastos. Por otro, el consumo se contrae, afectando directamente a comercios y empresas. Muchas de ellas, al no poder sostener su actividad, terminan cerrando.
A esto se suma el ajuste del gasto público, que también repercute en la economía general. El resultado es un círculo difícil de romper: menos empleo genera menos ingresos, lo que a su vez incrementa el endeudamiento y las dificultades para pagar.
La “bola de nieve” del endeudamiento
Cuando una persona no puede cumplir con sus obligaciones, suele recurrir a un nuevo préstamo para cubrir el anterior. Así, la deuda crece y se vuelve cada vez más difícil de manejar.
Este proceso se agrava en un contexto donde hay menos empresas operando y, por lo tanto, menos oportunidades de generar ingresos. La combinación potencia el problema y lo extiende a más sectores de la sociedad.
Un problema que impacta a todos
Lejos de tratarse de casos aislados, el fenómeno alcanza a una porción significativa de la población. Familias endeudadas, comercios con menor facturación, empresas que bajan la persiana y trabajadores con ingresos inestables son distintas caras de una misma realidad.
En definitiva, se trata de una economía que pierde dinamismo y cuya desaceleración se siente directamente en el día a día.



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