Ocho quemas fuera de control en seis días encendieron la alerta del SPLIF

El SPLIF atendió ocho quemas fuera de control entre el 19 y el 24 de septiembre en Mallín Ahogado, Rinconada de Nahuelpan, Cuesta del Ternero, Los Repollos, Mallín Alto, El Foyel y El Manso. Desde el 5 de octubre regirá una restricción horaria.
El Bolsón 29 de septiembre de 2026 Redacción
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El cierre de septiembre encendió una señal de alerta para el SPLIF en la Comarca Andina. Entre el 19 y el 24 de septiembre, el organismo debió intervenir ante ocho quemas fuera de control registradas en distintos sectores de la región, que en conjunto afectaron cerca de 4,5 hectáreas.

Los episodios se produjeron en Mallín Ahogado, Rinconada de Agua del Pan, Cuesta del Ternero, Los Repollos, Mallín Alto, El Foyel y El Manso, una distribución territorial que, según explicó Jorge Cuevas, responsable del área de Evaluación de Peligros del sector técnico del SPLIF, refleja que la situación requiere especial atención en toda la Comarca.

Ocho intervenciones en pocos días

Cuevas señaló que la cantidad de salidas registradas en un período tan corto constituye una pauta concreta sobre las condiciones actuales. Aunque todavía se mantienen niveles de peligro de incendio entre bajo y moderado, el organismo decidió avanzar con medidas preventivas frente a la evolución de la temporada.

En ese marco, desde el 5 de octubre las quemas de residuos forestales tendrán una restricción horaria. Quienes realicen una quema deberán tenerla prácticamente extinguida al mediodía y, como límite, a las 13 horas deberán haber finalizado las tareas y controlado completamente el fuego.

La indicación contempla que la persona responsable permanezca en el lugar hasta el último momento, realice el correspondiente rodeo con herramientas manuales y, en sectores de mayor complejidad, utilice agua para garantizar la extinción.

El riesgo puede aumentar pese a las lluvias

Desde el SPLIF explicaron que la presencia de humedad y las precipitaciones no significa necesariamente que el peligro de incendio haya desaparecido. La evaluación contempla especialmente el estado de los combustibles vegetales finos y medios, que pueden secarse rápidamente después de algunos días de sol.

La combinación de viento, temperatura y sequedad de la vegetación puede generar condiciones propicias para que un fuego iniciado durante una quema se propague, incluso cuando el suelo y el ambiente todavía presentan humedad.

Por eso, Cuevas remarcó que la reducción de combustible durante la temporada de quemas constituye una herramienta preventiva, pero debe realizarse bajo condiciones controladas y respetando las medidas establecidas por el organismo.

La Comarca busca reducir combustible antes del verano

Para esta temporada se estimó un volumen cercano a 51.000 metros cúbicos de material vegetal que debería ser reducido mediante permisos de quema distribuidos en distintos sectores de la Comarca, desde El Manso hasta El Bolsón.

El responsable del SPLIF destacó el nivel de compromiso de buena parte de la comunidad y sostuvo que existe una mayor comprensión sobre la importancia de reducir combustible durante los meses previos a la temporada de mayor peligro.

La expectativa es que las condiciones permitan mantener esta posibilidad durante algunos días más. En principio, estiman que la ventana de trabajo podría extenderse 10 o 15 días, aunque dependerá de las precipitaciones y de la evolución del índice meteorológico de peligro de incendios.

Una primavera lluviosa que también genera combustible

El panorama hacia el verano presenta otro elemento a considerar: el crecimiento de pastos y vegetación como consecuencia de una primavera con mayores precipitaciones.

Cuevas explicó que, después de varios años con condiciones de sequía, la recuperación de las lluvias resulta positiva para el territorio. Sin embargo, el crecimiento de vegetación también puede traducirse en una mayor disponibilidad de combustible cuando avance el verano.

De acuerdo con los registros mencionados durante la entrevista, las estaciones meteorológicas acumulan alrededor de 640 milímetros de precipitaciones en el período evaluado, lo que representa una recuperación importante respecto del año anterior.

A esto se suma el aporte de las nevadas en sectores cordilleranos, que funciona como reserva de agua para las cabeceras de cuenca y aguadas. El desafío, de cara al verano, será llegar con la mayor cantidad posible de combustible reducido y con una comunidad atenta a evitar que las quemas controladas terminen convirtiéndose en nuevos incendios.

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