GLOF: el fenómeno que puede provocar violentas crecidas y que tiene antecedentes en la Comarca Andina

Desde el Geomuseo de El Bolsón explicaron cómo se producen las inundaciones por desborde de lagos glaciares y recordaron que existen antecedentes en el Tronador, el Valle del Turbio y otras cuencas de la región. Recomiendan monitorear los lagos de altura y considerar estos procesos naturales en el ordenamiento territorial.
Comarca Andina31 de agosto de 2026 Redacción
WhatsApp Image 2026-08-31 at 11.30.31
Parque Nacional Nahuel Huapi, en el área del cerro Tronador. 2009

Las impactantes imágenes de violentas crecidas de agua, barro y sedimentos registradas recientemente en zonas montañosas de Asia volvieron a poner en discusión un fenómeno conocido técnicamente como GLOF, sigla en inglés utilizada para describir las inundaciones provocadas por el desborde repentino de un lago glaciar.

Desde el Geomuseo de El Bolsón explicaron que este tipo de eventos también forma parte de la dinámica natural de los paisajes cordilleranos y que existen antecedentes concretos en distintos sectores de la Patagonia.

Los GLOF pueden generarse en áreas donde los glaciares retroceden y dejan detrás lagunas denominadas proglaciares. Muchas veces estos cuerpos de agua quedan contenidos por morenas, es decir, acumulaciones de sedimentos y materiales que fueron depositados o empujados previamente por los propios glaciares.

El riesgo aparece cuando un desprendimiento de hielo, roca o parte de una ladera cae sobre el lago. El impacto puede generar una ola de gran magnitud, romper la contención natural y liberar violentamente grandes volúmenes de agua.

A diferencia de una crecida convencional, estos eventos pueden arrastrar enormes cantidades de barro, rocas, troncos y otros sedimentos, aumentando considerablemente su capacidad destructiva.

Antecedentes en la región

Desde el Geomuseo señalaron que uno de los antecedentes regionales más conocidos ocurrió en 2009 en el Parque Nacional Nahuel Huapi, en el área del cerro Tronador.

En aquella oportunidad, el desprendimiento de una masa de hielo sobre un lago proglaciar generó una fuerte ola y el posterior vaciamiento del cuerpo de agua. El evento afectó infraestructura de la zona, incluyendo puentes y senderos, y quedó ampliamente documentado.

Otro episodio se produjo años más tarde en el Valle del Turbio, dentro del área del Parque Nacional Lago Puelo y sectores de la Reserva Forestal de Chubut.

WhatsApp Image 2026-08-31 at 11.44.19
Google Earth
WhatsApp Image 2026-08-31 at 11.44.45
Google Earth. La Horqueta del valle de El Turbio.

Según explicaron, en ese caso un movimiento sísmico de baja magnitud habría favorecido el desplazamiento de una ladera. El material cayó sobre un lago de altura, provocó su desborde y generó una corriente con agua y sedimentos que avanzó por el valle, afectó una vivienda y produjo también consecuencias sobre el ambiente y la fauna acuática.

Además, existen registros históricos de fenómenos similares en sectores vinculados al río Azul, el arroyo Ternero y el arroyo Derrumbe.

Algunos de estos procesos estuvieron asociados al gran terremoto de Valdivia de 1960, que provocó importantes movimientos de laderas en distintos puntos de la Cordillera.

Los incendios también pueden generar nuevos riesgos

Desde el Geomuseo advirtieron que no todos estos fenómenos están necesariamente vinculados a glaciares.

Después de incendios forestales también pueden producirse obstrucciones en arroyos debido a la acumulación de árboles quemados, ramas y sedimentos. Estos materiales pueden actuar como una represa natural, acumulando agua aguas arriba.

Si esa barrera cede repentinamente, puede generarse una descarga violenta.

Investigaciones desarrolladas en la región junto a organismos científicos han estudiado este tipo de procesos, especialmente por su importancia en zonas afectadas recurrentemente por incendios forestales.

Monitorear los lagos de altura

Actualmente existen en sectores como el Valle del Turbio diferentes cuerpos de agua ubicados en zonas elevadas que forman parte de la dinámica natural del paisaje cordillerano.

Desde el Geomuseo remarcaron que esto no significa que exista una situación de alarma inmediata, sino que resulta fundamental mantener mecanismos permanentes de observación.

“Lo que sí tenemos que tener es una red de monitoreo de lagos de altura”, señalaron.

Parte de ese seguimiento puede realizarse mediante imágenes satelitales y también a través del personal que trabaja en parques nacionales y otras áreas protegidas de la región.

La particular geografía de la Comarca Andina, caracterizada por valles estrechos, cursos de agua encajonados y fuertes pendientes, hace posible que un movimiento de ladera genere rápidamente una obstrucción sobre un río o arroyo.

Una vez formado un dique natural de grandes dimensiones, intervenir para liberar el agua también puede resultar extremadamente peligroso.

Un fenómeno que debe contemplarse al planificar el territorio

Más allá del monitoreo, desde el Geomuseo plantearon que estos procesos deberían formar parte de las discusiones sobre planificación y ocupación territorial en la Cordillera.

Las zonas bajas cercanas a ríos y antiguos cauces pueden estar expuestas a inundaciones, movimientos de sedimentos y otros procesos naturales que se producen desde mucho antes de la ocupación humana.

Por este motivo, la recomendación general es evitar, siempre que sea posible, consolidar áreas residenciales permanentes en los sectores de mayor exposición.

En términos de planificación, las zonas elevadas, lomas y faldeos presentan en muchos casos mejores condiciones para la urbanización, mientras que los sectores bajos podrían destinarse preferentemente a actividades productivas o recreativas.

Desde el Geomuseo remarcaron que no se trata de generar alarma ni de anticipar cuándo ocurrirá un nuevo episodio, algo que actualmente no puede determinarse con precisión.

El desafío, señalaron, es comprender que estos fenómenos forman parte del mismo paisaje cordillerano que caracteriza a la Comarca Andina.

“Es algo de lo que tenemos que aprender a convivir”, sintetizaron desde la institución, destacando que conocer cómo funciona el territorio, monitorear sus cambios y planificar en función de sus características son herramientas fundamentales para reducir riesgos.

Último momento
Te puede interesar
Lo más visto