


Alertan que los incendios en la Patagonia alteran la calidad del agua durante años



Los devastadores incendios forestales en la Patagonia dejan a su paso bosques arrasados, viviendas destruidas y profundas heridas en las comunidades. Sin embargo, existe una consecuencia menos visible que comienza a manifestarse mucho después de que las llamas se extinguen: el impacto sobre los arroyos, ríos y fuentes de agua que abastecen a pobladores y ecosistemas.
Una inquietud planteada por una vecina tras el incendio que afectó a Las Golondrinas y El Hoyo en 2021 fue el punto de partida para una investigación científica que hoy aporta información clave sobre la relación entre el fuego y la calidad del agua en la Patagonia. La pregunta era sencilla, pero fundamental: ¿es seguro consumir agua proveniente de arroyos por donde pasó un incendio forestal?
Una pregunta de la comunidad que impulsó la investigación
La preocupación llegó a especialistas del Centro de Investigación Esquel de Montaña y Estepa Patagónica (Ciemep), quienes decidieron estudiar qué ocurre en las cuencas hídricas luego de un gran incendio.
El siniestro que comenzó en marzo de 2021 y se extendió hasta mediados de abril arrasó unas 13 mil hectáreas, destruyó alrededor de 500 viviendas y provocó la muerte de tres pobladores. Frente a semejante desastre ambiental y social, los investigadores se propusieron analizar un aspecto poco estudiado: cómo cambia la química del agua después del paso del fuego.
La investigación comenzó apenas dos meses después del incendio y se extendió durante 28 meses, con monitoreos permanentes hasta 2023.
El estudio comparó arroyos afectados y no afectados por el fuego
Para obtener resultados precisos, los científicos analizaron cuatro arroyos cuyas cuencas habían sido alcanzadas por las llamas. Entre ellos se encontraba el conocido arroyo Corbata Blanca, también llamado Catarata.
A su vez, se tomaron muestras en otros cuatro cursos de agua vecinos que no habían sido afectados por el incendio. Esta comparación permitió establecer diferencias concretas entre ambos escenarios.
Según explicó la bióloga y doctora en Ciencias Naturales Cecilia Brand, investigadora del Conicet en el Ciemep, la falta de registros previos obligó a utilizar cuencas similares no incendiadas como referencia.
Los muestreos se realizaron en distintas épocas del año, tanto durante períodos de lluvias intensas como en momentos de menor caudal, para observar la evolución de las variables a lo largo del tiempo.
Qué analizaron los científicos
El equipo de trabajo estuvo integrado por investigadores y técnicos del Ciemep junto a especialistas del Laboratorio de Química de Invap.
Durante el estudio se evaluaron múltiples indicadores de la calidad del agua:
- Temperatura.
- Oxígeno disuelto.
- Conductividad.
- Sólidos en suspensión.
- Metales pesados.
- Fósforo.
- Nitrógeno.
- Amonio.
- Nitratos y nitritos.
- Fósforo reactivo soluble.
La meta era determinar de qué manera el incendio modifica la composición química del agua y cuáles podrían ser las consecuencias para los ecosistemas y para las personas que dependen de estos recursos.

Agua más turbia después de cada lluvia
Los primeros resultados mostraron un aumento significativo de los sólidos en suspensión y de la conductividad del agua durante los meses posteriores al incendio.
Esto ocurre porque la pérdida de vegetación deja expuestas las laderas y facilita que las lluvias arrastren sedimentos, cenizas y partículas del suelo hacia los arroyos.
Por esa razón, después de cada precipitación en áreas incendiadas, el agua suele presentar una coloración mucho más turbia de lo habitual.
Los investigadores observaron que este fenómeno es una consecuencia directa de la desaparición de la cobertura vegetal que normalmente protege los suelos y reduce la erosión.
El fósforo baja, pero el nitrógeno permanece durante años
Otro de los hallazgos relevantes fue el incremento inicial de fósforo en el agua.
Sin embargo, a medida que avanzó el monitoreo, los científicos comprobaron que ese aumento era relativamente transitorio. Lo preocupante apareció después.
Cuando los niveles de fósforo comenzaron a disminuir, se detectó una suba gradual pero sostenida de los compuestos nitrogenados, una condición que se mantuvo durante largos períodos.
Los especialistas explican que, en condiciones normales, el bosque absorbe gran parte de estos nutrientes presentes en el suelo. Pero cuando la vegetación desaparece por efecto del fuego, esa función ecológica se pierde.
Las especies que recolonizan el terreno suelen ser de menor porte y capacidad de absorción, por lo que los nutrientes continúan siendo arrastrados hacia los cursos de agua con cada lluvia.
El riesgo para la salud humana
Los nutrientes como el fósforo y el nitrógeno no son dañinos por sí mismos. No obstante, generan condiciones favorables para la proliferación de microorganismos.
En términos simples, actúan como fertilizantes dentro de los ecosistemas acuáticos.
Cuando aumentan sus concentraciones, pueden producirse crecimientos acelerados de algas y bacterias, alterando el equilibrio natural de los arroyos y afectando la calidad del agua destinada al consumo humano.
Por esa razón, los investigadores advirtieron sobre la necesidad de reforzar los controles en las fuentes de abastecimiento ubicadas en áreas que hayan sufrido incendios forestales.
La importancia de monitorear las fuentes de agua
A partir de los resultados obtenidos, el equipo científico recomendó implementar programas de monitoreo permanentes para detectar posibles aumentos de bacterias en las zonas afectadas por incendios.
La información fue entregada a organismos responsables de la gestión ambiental y también difundida entre comunidades cercanas a áreas incendiadas.
La advertencia cobró especial relevancia luego de los grandes incendios registrados en el Parque Nacional Los Alerces y en sectores cercanos a Epuyén, donde numerosas poblaciones dependen de arroyos y vertientes para su abastecimiento.
Una investigación que continúa
Lejos de concluir, el estudio abrió nuevas preguntas sobre los efectos de largo plazo de los incendios forestales en la Patagonia.
Actualmente, el equipo del Ciemep continúa realizando monitoreos anuales e incorporó nuevas cuencas afectadas por incendios recientes ocurridos en el Parque Nacional Los Alerces durante 2024 y 2026.
Además, se están sumando variables vinculadas a la severidad del fuego, la topografía y el comportamiento de los caudales para comprender con mayor precisión cómo evolucionan los ecosistemas acuáticos tras un incendio.
Cómo afectan los incendios al agua
Arrastre de sedimentos y cenizas
Las lluvias movilizan cenizas, restos vegetales y partículas del suelo hacia los arroyos, aumentando la turbidez del agua y afectando filtros, cisternas y sistemas de captación.
Alteración química de las cuencas
La pérdida de vegetación modifica la composición química del agua, provocando incrementos de fósforo en una primera etapa y elevadas concentraciones de nitrógeno durante años.
Crecimiento de algas y bacterias
El exceso de nutrientes favorece la proliferación de microorganismos que pueden alterar los ecosistemas acuáticos y representar riesgos para la salud humana.
Recomendaciones para las comunidades
Controlar la calidad del agua
Los especialistas recomiendan realizar monitoreos periódicos en todas las fuentes de agua destinadas al consumo humano dentro de áreas afectadas por incendios.
Evitar impactos adicionales
También sugieren limitar actividades que puedan agravar la situación, como el ingreso de ganado a los arroyos o el uso de agroquímicos en cuencas recientemente incendiadas.
Mientras los bosques comienzan lentamente su proceso de recuperación, los científicos advierten que el verdadero impacto del fuego no siempre se observa en los árboles quemados. Muchas veces, continúa fluyendo silenciosamente por los arroyos de la Patagonia durante años, transformando uno de los recursos más valiosos para las comunidades: el agua.
Fuente: Río Negro.




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