¿Por qué aparecen búhos y lechuzas en zonas urbanas? La explicación preocupa a científicos

Especialistas advierten que el comportamiento inusual de estas aves podría estar relacionado con intoxicaciones por venenos para roedores. La situación genera preocupación en la comunidad científica.
Comarca Andina11 de junio de 2026 Redacción
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En las últimas semanas, vecinos de distintas localidades de la Comarca Andina han reportado la presencia de búhos y lechuzas en patios, escuelas, veredas y otros espacios urbanos. Las imágenes de estas aves posadas durante horas sobre tapiales, árboles o estructuras cercanas a las viviendas despertaron curiosidad y admiración. Sin embargo, detrás de estas escenas que para muchos resultan llamativas e incluso encantadoras, podría esconderse una problemática ambiental mucho más compleja.

La bióloga Valeria Ojeda, investigadora del INIBIOMA (Instituto de Investigaciones en Biodiversidad y Medioambiente) y del CONICET, dialogó con Ahora Comarca y explicó que la aparición de estas aves rapaces nocturnas en sectores urbanos no debe interpretarse necesariamente como algo positivo.

Cuando un búho no huye, algo no está bien

Ojeda señaló que uno de los aspectos que más preocupa a los especialistas no es solamente la presencia de estas aves cerca de las personas, sino la conducta que están mostrando.

"Lo que para mucha gente puede parecer curioso o lindo, para quienes estudiamos aves puede ser motivo de preocupación. No es normal que una persona se acerque a un búho o una lechuza y el animal permanezca inmóvil sin intentar escapar", explicó.

Según indicó, la reacción natural de estas especies frente a la presencia humana es alejarse rápidamente. Cuando permanecen quietas, permiten que las personas se acerquen demasiado o incluso aparecen durante largos períodos en espacios urbanos, podría tratarse de ejemplares que atraviesan algún problema de salud o debilidad.

Los incendios podrían haber cambiado algunos hábitos

La investigadora aclaró que aún existe mucho desconocimiento científico sobre la biología de estas especies.

"Sabemos muy poco sobre los hábitos de muchas lechuzas y búhos. Cuando hablamos de ellos lo hacemos de manera general, porque todavía falta mucha información sobre cómo utilizan el ambiente y cómo responden a determinadas situaciones", indicó.

En ese contexto, consideró posible que los grandes incendios forestales registrados en la región durante los últimos años hayan alterado temporalmente algunos comportamientos.

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Miles de hectáreas de bosque fueron arrasadas por el fuego, modificando hábitats y reduciendo la disponibilidad de alimento para numerosas especies. Por ello, no resulta extraño que algunas aves rapaces se acerquen a sectores poblados donde encuentran una mayor concentración de presas.

"Si los incendios afectaron las zonas donde normalmente cazan, es lógico pensar que busquen alimento en otros lugares. Incluso podría haber un incremento de roedores en áreas cercanas a las viviendas, lo que las atrae hacia las ciudades", explicó.

Sin embargo, la especialista remarcó que esa posible explicación no alcanza para justificar la pasividad extrema observada en muchos ejemplares.

La principal sospecha: intoxicación por rodenticidas

Uno de los escenarios que genera mayor preocupación entre los investigadores está relacionado con el uso de venenos para roedores.

Actualmente, muchos productores rurales y vecinos utilizan cebos tóxicos para combatir ratones y ratas, especialmente debido al temor que generan enfermedades como el hantavirus.

El problema es que estos productos no afectan únicamente a los roedores.

Ojeda explicó que los rodenticidas modernos contienen sustancias anticoagulantes diseñadas para provocar hemorragias internas. A diferencia de los productos utilizados décadas atrás, estos venenos no generan una muerte inmediata.

"Los roedores pueden tardar varios días e incluso hasta dos semanas en morir. Durante ese tiempo se encuentran debilitados, desorientados y con movimientos lentos", detalló.

Ese estado los convierte en presas extremadamente fáciles para búhos, lechuzas y otras aves rapaces.

Una cadena silenciosa de intoxicación

El problema se agrava porque las aves cazadoras seleccionan justamente a los individuos más vulnerables.

"Para una lechuza es mucho más fácil capturar un ratón que está atontado que uno sano y alerta. Entonces comienza a alimentarse de estos animales contaminados y termina intoxicándose también", explicó la bióloga.

Cuando una rapaz consume repetidamente roedores envenenados, las toxinas se acumulan en su organismo y comienzan a afectar su salud.

Los síntomas pueden variar. Algunos ejemplares mueren, mientras que otros sobreviven pero presentan alteraciones severas.

Entre las señales más frecuentes aparecen la falta de reflejos, dificultades para escapar de depredadores o personas, trastornos de coordinación y comportamientos completamente atípicos.

Esto podría explicar por qué algunos búhos permanecen inmóviles durante horas en espacios donde normalmente jamás se expondrían.

También aumentan los atropellamientos

A esta problemática se suma otro factor de riesgo.

Las aves rapaces suelen cazar en rutas, caminos rurales y sectores abiertos porque allí los roedores resultan más visibles que dentro del bosque.

"El ratón que cruza una ruta o un camino es una presa fácil. Por eso muchas aves se acercan a estos lugares para alimentarse", indicó Ojeda.

Esta conducta incrementa significativamente el riesgo de atropellamiento, una situación que también se observa con frecuencia en otras especies carroñeras como caranchos, chimangos, jotes e incluso cóndores.

Por qué es importante recuperar los ejemplares muertos

La investigadora destacó que cuando una lechuza o un búho aparece muerto, el hallazgo puede aportar información científica muy valiosa.

A través de estudios realizados sobre el hígado de los animales es posible determinar si existió intoxicación por rodenticidas u otras sustancias tóxicas.

"Muchas veces la gente los entierra sin saber que esos ejemplares pueden ayudarnos a entender qué está pasando. Para confirmar la presencia de venenos necesitamos analizar tejidos específicos", explicó.

Actualmente, el equipo de investigación que trabaja sobre intoxicaciones de fauna silvestre en Bariloche es uno de los pocos grupos especializados en la Patagonia.

Qué hacer si se encuentra un búho o una lechuza

Frente a la aparición de uno de estos animales, los especialistas recomiendan actuar con prudencia.

La primera medida es no acercarse innecesariamente ni intentar manipularlo para sacarse fotografías o videos.

También es fundamental evitar que perros y gatos lo molesten o lo ataquen.

Si el ave se encuentra en el suelo y no puede escapar, puede colocarse cuidadosamente dentro de una caja ventilada, utilizando siempre una manta o tela para cubrirla y reducir el estrés.

La caja debe permanecer en un lugar tranquilo, oscuro y silencioso.

Los especialistas desaconsejan darle medicamentos, alimentos o aplicar remedios caseros.

"Toda intervención inadecuada puede empeorar la situación y terminar provocando la muerte del animal", advirtió Ojeda.

Un rol clave para el equilibrio ambiental

Más allá de la preocupación actual, la investigadora recordó que estas aves cumplen una función esencial dentro de los ecosistemas.

Los búhos y lechuzas son controladores naturales de poblaciones de roedores y contribuyen al equilibrio ecológico de ambientes rurales y urbanos.

"Muchas veces queremos que nos ayuden a controlar ratones cerca de nuestras casas, pero al mismo tiempo usamos venenos que terminan matándolos. Los estamos invitando a cumplir una función ecológica y, sin querer, los convertimos en víctimas de una trampa mortal", reflexionó.

Para los científicos, comprender lo que está ocurriendo con estas aves es fundamental no sólo para protegerlas, sino también para evaluar el impacto que determinadas prácticas humanas están teniendo sobre toda la biodiversidad regional.

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