A los 71 años, Amalia Figueroa de El Maitén cumple su sueño y conquista el Volcán Lanín

Tras años de preparación y desafíos personales, la mujer patagónica alcanzó la cumbre del Volcán Lanín y demuestra que nunca es tarde para cumplir un sueño.
El Maitén 25 de febrero de 2026 Redacción
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Amalia Figueroa, oriunda de El Maitén, Chubut, escribió el pasado domingo una historia que inspira a toda la Patagonia: a sus 71 años, alcanzó la cumbre del Volcán Lanín, a 3.776 metros de altura, tras nueve horas de ascenso desde el refugio. Dos años atrás había intentado la misma hazaña, pero se vio obligada a regresar a unos 200 metros de la cima por cuestiones de seguridad. Esta vez, con más experiencia, preparación física y una ventana climática favorable, logró conquistar la meta que venía esperando desde hace décadas.

El ascenso fue un desafío tanto físico como emocional. Amalia no estaba sola: la acompañaron dos amigas que compartieron cada paso de la aventura. Una de ellas, nadadora de aguas abiertas, decidió entrenar especialmente para acompañarla cuando supo que alcanzar la cima del Lanín era su gran sueño. La otra, una montañista con amplia experiencia en la montaña, fue fundamental para mantener el ritmo y ordenar la estrategia en los tramos más exigentes.

La jornada comenzó a la 1:30 de la madrugada, con linternas encendidas y paso constante para enfrentar la pendiente y el viento que suele levantarse más tarde. “Caminar de noche ayuda a no marearse con la pendiente y permite llegar antes del mediodía, cuando el clima suele complicarse”, contó Amalia. Nueve horas después, a las 10 de la mañana, la mujer patagónica tocó la cumbre. En el tramo final, una pared de piedras obligó a descender a la técnica “cuatro patas”, con cuerpo y brazos pegados a la roca, ganando cada metro con esfuerzo y determinación. La celebración en la cima fue breve: fotos, bocados para recuperar energía y la sensación indescriptible de cumplir un sueño largamente esperado.

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La historia de Amalia es, sobre todo, una historia de superación. Durante años convivió con dolores de rodilla y sobrepeso, hasta que una advertencia médica la impulsó a moverse para no perder movilidad. Comenzó caminando en la barda antes de ir a trabajar y transformó esa rutina en una forma de vida. A los 47 años se lanzó a correr y no paró: participó en pruebas de calle y aventura, completó varias veces la K21 y la K42, y fue construyendo en su casa un pequeño “museo” de medallas y trofeos que reflejan años de esfuerzo y constancia. Todo mientras sostenía su trabajo de limpieza y cuidado de casas y su vida familiar.

“Los sueños no tienen edad. Así como yo superé problemas y obstáculos, cualquiera puede perseguir sus metas”, afirma Amalia, con la firmeza que caracteriza a quienes viven intensamente cada paso de su vida. Y fiel a su espíritu aventurero, apenas comenzado el descenso de la cumbre, ya soñaba en voz alta con su próxima meta: el Volcán Domuyo, en el noroeste de Neuquén.

La historia de Amalia Figueroa de El Maitén es un ejemplo de pasión, esfuerzo y coraje, un recordatorio de que nunca es tarde para perseguir lo que más anhelamos, sin importar la edad ni los obstáculos. Su proeza en el Volcán Lanín quedará para siempre en la memoria de quienes creen en el poder de los sueños y la determinación.

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